No me deis por muerto, chicos, sigo por aquí, más vivo que nunca, reorganizando mi vida desde mis cuarteles de invierno y haciendo cosas que me gustan.
Creo que me pica el gusanillo del blog otra vez, pero esta vez ya como algo puramente lúdico, yo diría que el efecto terapéutico de escribir siempre estará ahí, pero ya no lo necesito en la misma medida, por fortuna.
Desde septiembre hasta ahora han pasado infinidad de cosas, casi todas buenas; algunas se pueden contar, otras, desgraciadamente, no...
Cuando llegue el momento entraré en detalles, de forma un poco desorganizada, como acostumbro, aunque trataré de seguir un orden cronológico... a modo de resumen os diré que:
octubre fue un mes de transición, pasé mi primer resfriado del invierno, disfruté la compañía de mis amigos en un lugar ignoto en el culo del mundo (aunque había barbacoa y eso suple cualquier otra carencia :)) y me mudé de casa (por fin vivo en el centro de Madrid!).
Noviembre fue... bien, esto es justo lo que no puedo contar, pero es sin duda lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo... (y no me refiero a la visita de Timeshock, que fue otro de los momentos álgidos del mes, sin duda). Segundo resfriado del invierno.
Diciembre me ha llevado a la ciudad de los rascacielos y a disfrutar de la Navidad como hacía mucho que no disfrutaba... me gusta el cambio. Tercer resfriado del invierno (tres en tres meses, yo creo que ya, ¿no?).
Enero... bueno, aunque esté agonizante, enero aún no ha terminado, pero ha sido el mes de la estabilidad (espero que definitiva) y no puedo sino agradecerle haber gozado cada momento de sus viernes y sus sábados, que ya no son tristes y oscuros, ni siquiera insulsos y anodinos, sino luminosos, alegres y cálidos, por mucho que fuera llueva, nieve y hiele :).
Creo que he vuelto, pero aún no las tengo todas conmigo... seréis los primeros en saberlo.
miércoles, 27 de enero de 2010
domingo, 4 de octubre de 2009
Barcelona
En Barcelona te tratan mejor que en Madrid.
O quizás debería decir "en Barcelona ME tratan mejor que en Madrid", porque mis amigos de la Ciudad Condal juran y perjuran que lo acaecido durante tan señalado fin de semana no es, ni mucho menos, lo habitual. (Yo no me lo creo, y punto).
Podría argumentar que el hecho de sentirme bien tratado fuera de Madrid no es un hecho extraordinario, dado que en Madrid, generalmente, me tratan a patadas, pero es que la bondad del trato en Barcelona no lo es por comparación con el de Madrid (si bien este contraste no hace más que enfatizar las diferencias) sino que lo es per se.
Viernes (11.15): La estanquera, joven, vital y radiante nos regala una amplia sonrisa mientras bromea alegremente con nosotros a cuenta de una pequeña confusión (ajena completamente a su responsabilidad, naturalmente) producida en el momento de pagar.
Brilla el sol y suena Shiny Happy People, de REM.
Viernes (12.30): Tomamos unas cervezas en un delicioso local regentado por unos argentinos que desbordan amabilidad y cordialidad por los cuatro costados.
Los comentarios simpáticos y las sonrisas se suceden todas y cada una de las veces que nos dirigimos a ellos.
Sopla una suave brisa que nos trae las notas de Beautiful Day, de U2.
Viernes (14.30 aprox.): Comemos, qué digo comemos, degustamos los exquisitos manjares de un coqueto restaurante barcelonés de ambiente amistoso y relajante.
Los camareros me dispensan el trato de "Señor Marqués".
Las Cuatro Estaciones de Vivaldi en el hilo musical durante la comida. Al salir, somos sorprendidos por un grupo de barceloneses espontáneos que cantan Viva la Gente animándonos con regocijo a que nos unamos a ellos, lo que hacemos con alborozo.
Sábado (11.30): Sentados en una terraza frente al Hospital de Sant Pau, el camarero me sonríe con cordial complicidad al servir los cafés (deliciosos).
Después, a la hora de pagar, recibe con resignación el dinero por parte de uno de mis acompañantes, con la decepción pintada en su cara al no haber gozado del honor de recibirlo directamente de mis manos.
Al traer la vuelta, considerando que es su última oportunidad de agasajarme, se salta el protocolo y me la entrega con manos temblorosas diciendo con gratitud infinita "Vuestra vuelta, Excelencia".
Hace una mañana esplendorosa y puedo escuchar como algún barcelonés, feliz de serlo, canturrea Love is in the air según pasa a nuestra altura.
Sábado (15.00): Decidimos comer en un restaurante del centro. Estilo moderno y cocina soberbia.
Los camareros se deshacen en elogios y espantan a la nube de periodistas y curiosos que se congrega a nuestro alrededor.
Al final de la comida, pese a nuestra insistencia, el dueño del restaurante, que ha salido a saludarme, rehusa cobrarnos un sólo céntimo, argumentando que el honor de tenerme en su humilde local es tan inconmensurable que jamás lo olvidará y jurando por su difunta madre que rebautizará el salón de honor como "Salón Banshee".
Cuando nos vamos se despide con ojos acuosos: "Gracias, Señor, jamás le olvidaremos".
Pomp and Circumstance suena, apropiadamente, en el momento de la despedida.
Entenderán pues, supongo, que gruesos lagrimones rodaran por mis mejillas cuando, ante la mirada incrédula de Una-Que-Yo-Me-Sé y de Timeshock, el camarero de la terraza en la que nos encontrábamos el sábado alrededor de las 5 de la tarde, al ser interpelado pidiendo yo que me cambiara un billete de 5 euros para tabaco, me preguntara con una sonrisa radiante "¿qué tabaco va a querer Su Majestad?", respondiendo yo "Nobel", desapareciendo él raudo cual centella y retornando acompañado de música de clarines, rodeado de pajes que arrojaban pétalos de rosa a su paso mientras toda la multitud, congregada alrededor del cordón de seguridad que la división de honor de la Guardia Urbana (todos con sus uniformes de gala) había organizado, nos vitoreaba y arrojaba confeti y serpentinas, a la vez que el alcalde de Barcelona y demás autoridades de cuerpo presente, emocionados también, esperaban con los nervios reflejados en sus ojos llorosos la oportunidad de ofrecerme las Llaves de la Ciudad, que brillaban en sus manos mientras cientos de periodistas acreditados procedentes de más de ciento cuarenta países trataban de captar el momento y de obtener alguna declaración; retornaba el camarero, decía, que al llegar ante mí hinca una rodilla en tierra e, inclinando la cabeza, me ofrece de sus manos enguantadas en blanco, una bandeja de plata sobre la que se hallaba un cojín de terciopelo y, descansando sobre este, un paquete de oro purísimo con diamantes engarzados y con la leyenda "Nobel" sobre su costado, cada letra minuciosamente tallada de forma artesanal por un descendiente de Claude Garamond, que contenía una veintena de cigarrillos de la máxima calidad, cuyo sabor era tan sublime y carente de parangón que cualquier intento de describirlo resultaría un torpe ejercicio de futilidad.
Que uno no es de piedra.
O quizás debería decir "en Barcelona ME tratan mejor que en Madrid", porque mis amigos de la Ciudad Condal juran y perjuran que lo acaecido durante tan señalado fin de semana no es, ni mucho menos, lo habitual. (Yo no me lo creo, y punto).
Podría argumentar que el hecho de sentirme bien tratado fuera de Madrid no es un hecho extraordinario, dado que en Madrid, generalmente, me tratan a patadas, pero es que la bondad del trato en Barcelona no lo es por comparación con el de Madrid (si bien este contraste no hace más que enfatizar las diferencias) sino que lo es per se.
Viernes (11.15): La estanquera, joven, vital y radiante nos regala una amplia sonrisa mientras bromea alegremente con nosotros a cuenta de una pequeña confusión (ajena completamente a su responsabilidad, naturalmente) producida en el momento de pagar.
Brilla el sol y suena Shiny Happy People, de REM.
Viernes (12.30): Tomamos unas cervezas en un delicioso local regentado por unos argentinos que desbordan amabilidad y cordialidad por los cuatro costados.
Los comentarios simpáticos y las sonrisas se suceden todas y cada una de las veces que nos dirigimos a ellos.
Sopla una suave brisa que nos trae las notas de Beautiful Day, de U2.
Viernes (14.30 aprox.): Comemos, qué digo comemos, degustamos los exquisitos manjares de un coqueto restaurante barcelonés de ambiente amistoso y relajante.
Los camareros me dispensan el trato de "Señor Marqués".
Las Cuatro Estaciones de Vivaldi en el hilo musical durante la comida. Al salir, somos sorprendidos por un grupo de barceloneses espontáneos que cantan Viva la Gente animándonos con regocijo a que nos unamos a ellos, lo que hacemos con alborozo.
Sábado (11.30): Sentados en una terraza frente al Hospital de Sant Pau, el camarero me sonríe con cordial complicidad al servir los cafés (deliciosos).
Después, a la hora de pagar, recibe con resignación el dinero por parte de uno de mis acompañantes, con la decepción pintada en su cara al no haber gozado del honor de recibirlo directamente de mis manos.
Al traer la vuelta, considerando que es su última oportunidad de agasajarme, se salta el protocolo y me la entrega con manos temblorosas diciendo con gratitud infinita "Vuestra vuelta, Excelencia".
Hace una mañana esplendorosa y puedo escuchar como algún barcelonés, feliz de serlo, canturrea Love is in the air según pasa a nuestra altura.
Sábado (15.00): Decidimos comer en un restaurante del centro. Estilo moderno y cocina soberbia.
Los camareros se deshacen en elogios y espantan a la nube de periodistas y curiosos que se congrega a nuestro alrededor.
Al final de la comida, pese a nuestra insistencia, el dueño del restaurante, que ha salido a saludarme, rehusa cobrarnos un sólo céntimo, argumentando que el honor de tenerme en su humilde local es tan inconmensurable que jamás lo olvidará y jurando por su difunta madre que rebautizará el salón de honor como "Salón Banshee".
Cuando nos vamos se despide con ojos acuosos: "Gracias, Señor, jamás le olvidaremos".
Pomp and Circumstance suena, apropiadamente, en el momento de la despedida.
Entenderán pues, supongo, que gruesos lagrimones rodaran por mis mejillas cuando, ante la mirada incrédula de Una-Que-Yo-Me-Sé y de Timeshock, el camarero de la terraza en la que nos encontrábamos el sábado alrededor de las 5 de la tarde, al ser interpelado pidiendo yo que me cambiara un billete de 5 euros para tabaco, me preguntara con una sonrisa radiante "¿qué tabaco va a querer Su Majestad?", respondiendo yo "Nobel", desapareciendo él raudo cual centella y retornando acompañado de música de clarines, rodeado de pajes que arrojaban pétalos de rosa a su paso mientras toda la multitud, congregada alrededor del cordón de seguridad que la división de honor de la Guardia Urbana (todos con sus uniformes de gala) había organizado, nos vitoreaba y arrojaba confeti y serpentinas, a la vez que el alcalde de Barcelona y demás autoridades de cuerpo presente, emocionados también, esperaban con los nervios reflejados en sus ojos llorosos la oportunidad de ofrecerme las Llaves de la Ciudad, que brillaban en sus manos mientras cientos de periodistas acreditados procedentes de más de ciento cuarenta países trataban de captar el momento y de obtener alguna declaración; retornaba el camarero, decía, que al llegar ante mí hinca una rodilla en tierra e, inclinando la cabeza, me ofrece de sus manos enguantadas en blanco, una bandeja de plata sobre la que se hallaba un cojín de terciopelo y, descansando sobre este, un paquete de oro purísimo con diamantes engarzados y con la leyenda "Nobel" sobre su costado, cada letra minuciosamente tallada de forma artesanal por un descendiente de Claude Garamond, que contenía una veintena de cigarrillos de la máxima calidad, cuyo sabor era tan sublime y carente de parangón que cualquier intento de describirlo resultaría un torpe ejercicio de futilidad.
Que uno no es de piedra.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Cerrando el círculo
Bueno, pues ahora sí que se acabó, oficialmente hemos finiquitado la relación.
No me vuelven a ver el pelo en otra así, eso que quede claro.
Busco casa en Madrid, damas y caballeros, si alguien sabe de algún alquiler bueno, bonito y barato por la zona Conde-Duque / Malasaña que tenga la bondad de hacérmelo saber.
Qué alivio, por Dios.
No me vuelven a ver el pelo en otra así, eso que quede claro.
Busco casa en Madrid, damas y caballeros, si alguien sabe de algún alquiler bueno, bonito y barato por la zona Conde-Duque / Malasaña que tenga la bondad de hacérmelo saber.
Qué alivio, por Dios.
martes, 1 de septiembre de 2009
Moving on
Algunos os echaréis las manos a la cabeza. Otros consideraréis que entra dentro de la normalidad.
De hecho, creo que sé quién reaccionará de cada manera.
Mañana he quedado para comer con Ella.
Ya sé que parece que he aprovechado a que mi conciencia (AKA Canalla y la Bicha) estén fuera del país, joder, parece premeditado, pero no lo es en absoluto, de hecho no había reparado en ello hasta que me he puesto a escribir.
Pero el caso es que estoy on my own, que dicen los anglos, y que, por mucho que haya voluntad de ayudar, es la única forma en la que esto se va a resolver de una vez por todas.
Como no las tengo todas conmigo (en muchos aspectos) me disculparéis que no dé más datos en este momento.
Curiosamente esos datos los tienen dos amigos (Joe y Little Thing) que no son lectores de este blog...
Alea jact est, aunque lo mismo me quedo como estaba, entonces veré qué cartas jugar y como jugarlas.
Lo que tengo claro es que esto hay que moverlo, otra vez tengo la sensación de estancamiento y, una vez más, por más que me fastidie porque se lo negué hasta la saciedad, Canalla dio en el clavo alentado por dos pintas de Newcastle (y otras dos que me apreté yo ya son cuatro):
La puta casa es la que me mantiene donde estoy. (Sí, Canalla, no es accesoria, hala, ya lo he dicho.)
Joder, si yo vivo solo quiero vivir en Malasaña, no en CiudadPeriféricaEnLaQueVivo, así que, ¿qué pelotas hago yo aquí? bueno, es lo más cómodo, claro, pero no es lo que quiero.
Así que mañana saco conclusiones como Dios pintó a Perico.
Tanta tontería, hostia ya.
De hecho, creo que sé quién reaccionará de cada manera.
Mañana he quedado para comer con Ella.
Ya sé que parece que he aprovechado a que mi conciencia (AKA Canalla y la Bicha) estén fuera del país, joder, parece premeditado, pero no lo es en absoluto, de hecho no había reparado en ello hasta que me he puesto a escribir.
Pero el caso es que estoy on my own, que dicen los anglos, y que, por mucho que haya voluntad de ayudar, es la única forma en la que esto se va a resolver de una vez por todas.
Como no las tengo todas conmigo (en muchos aspectos) me disculparéis que no dé más datos en este momento.
Curiosamente esos datos los tienen dos amigos (Joe y Little Thing) que no son lectores de este blog...
Alea jact est, aunque lo mismo me quedo como estaba, entonces veré qué cartas jugar y como jugarlas.
Lo que tengo claro es que esto hay que moverlo, otra vez tengo la sensación de estancamiento y, una vez más, por más que me fastidie porque se lo negué hasta la saciedad, Canalla dio en el clavo alentado por dos pintas de Newcastle (y otras dos que me apreté yo ya son cuatro):
La puta casa es la que me mantiene donde estoy. (Sí, Canalla, no es accesoria, hala, ya lo he dicho.)
Joder, si yo vivo solo quiero vivir en Malasaña, no en CiudadPeriféricaEnLaQueVivo, así que, ¿qué pelotas hago yo aquí? bueno, es lo más cómodo, claro, pero no es lo que quiero.
Así que mañana saco conclusiones como Dios pintó a Perico.
Tanta tontería, hostia ya.
martes, 25 de agosto de 2009
Indigo
Snakes speak when snakes hiss
I know this. I know this,
Snakes kill when snakes kiss
I know this. I know this...
Si tan sólo fuera capaz de moverme un poco y ponerme fuera de su alcance, estaría salvado... pero no sé si es que no quiero o simplemente, no puedo.
Aunque puede que al final todo se resuelva por sí solo.
PS. Perdón por lo críptico, pero ese es mi estado ahora mismo: críptico como una puta peli de David Lynch.
I know this. I know this,
Snakes kill when snakes kiss
I know this. I know this...
Si tan sólo fuera capaz de moverme un poco y ponerme fuera de su alcance, estaría salvado... pero no sé si es que no quiero o simplemente, no puedo.
Aunque puede que al final todo se resuelva por sí solo.
PS. Perdón por lo críptico, pero ese es mi estado ahora mismo: críptico como una puta peli de David Lynch.
lunes, 24 de agosto de 2009
Testimonios
Hoy me he escapado del trabajo a las dos de la tarde y he gozado del placer indescriptible de comer en mi casa un día entre semana.
Me encanta comer tranquilamente viendo los Simpson y después el Telediario, y así lo he hecho hoy.
Durante el informativo han comentado la noticia de que un grupo de malhechores había secuestrado al hijo de un empresario, lo habían atado y amordazado en una casa de un pueblo perdido de Madrid y habían pedido un millón de euros (así, sin pasarse tres pueblos y dos Comunidades Autónomas ni nada) por su rescate.
Lo que me ha llamado la atención es esa tendencia que tienen algunos medios de buscar el testimonio de los lugareños a toda costa, como si fuera una cuestión de vida o muerte, aunque este tenga el mismo valor informativo que un pedo de Paquirrín.
Ejemplo:
Voz en Off:
Viejuno 1:
(ajá, lo sospechábamos, gracias).
Voz en Off:
Viejuno 2:
Creo firmemente que si los protagonistas de estos testimonios fueran, directamente, los encargados de narrar la noticia, redundaría en un beneficio para todos, a saber:
Por un lado la cadena de televisión se ahorraría el sueldo del periodista, que esto nunca viene mal.
Por otro lado nos ahorrarían a los espectadores la excitante experiencia de escuchar cada comentario por duplicado.
Como le decían las muñecas de Famosa a Hermida en aquel mítico sketch de Martes y Trece: "No nos lo repitas más, que no somoooos gilipollaaaas".
Me encanta comer tranquilamente viendo los Simpson y después el Telediario, y así lo he hecho hoy.
Durante el informativo han comentado la noticia de que un grupo de malhechores había secuestrado al hijo de un empresario, lo habían atado y amordazado en una casa de un pueblo perdido de Madrid y habían pedido un millón de euros (así, sin pasarse tres pueblos y dos Comunidades Autónomas ni nada) por su rescate.
Lo que me ha llamado la atención es esa tendencia que tienen algunos medios de buscar el testimonio de los lugareños a toda costa, como si fuera una cuestión de vida o muerte, aunque este tenga el mismo valor informativo que un pedo de Paquirrín.
Ejemplo:
Voz en Off:
...los secuestradores habían abordado el vehículo del joven cuando este se dirigía a su trabajo y lo llevaron a la fuerza a una casa en el término municipal de Pueblo Ignoto Perdido En El Culo Del Mundo.
Viejuno 1:
Pues sí, se conoce que le sacaron del coche y lo trajeron aquí, a Pueblo Ignoto Perdido En El Culo Del Mundo.
(ajá, lo sospechábamos, gracias).
Voz en Off:
El joven fue atado y amordazado, pero al parecer pudo librarse de su mordaza y sus gritos de auxilio fueron escuchados por un vecino de una casa cercana que avisó a la Guardia Civil.
Viejuno 2:
y entonces escuchó unos gritos "auxilio! auxilio! que me han secuestrao!" y ya llamó a la Guardia Civil.
Creo firmemente que si los protagonistas de estos testimonios fueran, directamente, los encargados de narrar la noticia, redundaría en un beneficio para todos, a saber:
Por un lado la cadena de televisión se ahorraría el sueldo del periodista, que esto nunca viene mal.
Por otro lado nos ahorrarían a los espectadores la excitante experiencia de escuchar cada comentario por duplicado.
Como le decían las muñecas de Famosa a Hermida en aquel mítico sketch de Martes y Trece: "No nos lo repitas más, que no somoooos gilipollaaaas".
domingo, 16 de agosto de 2009
A cane muto et aqua silente cave tibi
O lo que es lo mismo, cuidado con el perro que no ladra y con el agua silenciosa.
Un pequeño periodo de debilidad, parece que las cosas nunca son del todo estables.
Y, peor aún, sigo con la cabeza hecha un lío...
Canalla, la Bicha y E, me han ayudado un montón últimamente, me ayudan a ver las diferentes perspectivas, pero la Bicha tiene razón: al final todo queda en mis manos.
Otra vez.
¿Todo? pues no tengo ni idea, porque no tengo ni idea de a qué estamos jugando. Ni un ápice de información.
Y no pienso preguntar, ya lo hice antes y no me resultó nada reconfortante.
Si esto va de ver quién tiene más resistencia... en fin, seré el puto hombre de hielo si hace falta, pero no seré el primero en mover pieza. No hasta que sepa de qué va esto. Me muevo fatal por terreno inestable.
Por otro lado, he pedido tiempo muerto y, tal vez, es lo que estoy teniendo...
Hace algunas semanas rechacé una oferta que se me presentó por parte de alguien de quien no esperaba que me ofreciera lo que me ofreció, y aún estoy analizando qué significa... ¿que no me interesaba? ¿que sigo estancado aunque me engañe pensando que no? otra incógnita más para la colección.
Septiembre se acerca y tengo un poco de miedo.
Un pequeño periodo de debilidad, parece que las cosas nunca son del todo estables.
Y, peor aún, sigo con la cabeza hecha un lío...
Canalla, la Bicha y E, me han ayudado un montón últimamente, me ayudan a ver las diferentes perspectivas, pero la Bicha tiene razón: al final todo queda en mis manos.
Otra vez.
¿Todo? pues no tengo ni idea, porque no tengo ni idea de a qué estamos jugando. Ni un ápice de información.
Y no pienso preguntar, ya lo hice antes y no me resultó nada reconfortante.
Si esto va de ver quién tiene más resistencia... en fin, seré el puto hombre de hielo si hace falta, pero no seré el primero en mover pieza. No hasta que sepa de qué va esto. Me muevo fatal por terreno inestable.
Por otro lado, he pedido tiempo muerto y, tal vez, es lo que estoy teniendo...
Hace algunas semanas rechacé una oferta que se me presentó por parte de alguien de quien no esperaba que me ofreciera lo que me ofreció, y aún estoy analizando qué significa... ¿que no me interesaba? ¿que sigo estancado aunque me engañe pensando que no? otra incógnita más para la colección.
Septiembre se acerca y tengo un poco de miedo.
viernes, 7 de agosto de 2009
Corrientes circulares en el tiempo
Una vez, si mal no recuerdo,
me tenías en la punta de los dedos.
Las secuelas de los viejos días
estarán conmigo el resto de mi vida.
Me quedé dormido un momento
y los valles se cambiaron por desiertos
por obra y gracia de El que controla el firmamento,
El que decide que ande perdido en corrientes circulares en el tiempo,
El que transforma los diamantes en quejidos y lamentos,
El que se encarga de que salgas y que yo me quede dentro.
Asustado, sintiéndome enfermo,
como una temporada en el infierno.
Intentando ver una salida,
encontrando más problemas todavía.
Todo esto que jamás podré comprender,
lo que obtuve a cambio de intentar hacerlo bien.
Eso no es para mí, quiero mi parte de lo bueno.
Quiero que estés aquí, quiero tenerte dando vueltas a mi lado todo el tiempo,
en nueve órbitas concéntricas y yo estar en el centro.
Será mucho pedir, pero es lo menos que merezco.
me tenías en la punta de los dedos.
Las secuelas de los viejos días
estarán conmigo el resto de mi vida.
Me quedé dormido un momento
y los valles se cambiaron por desiertos
por obra y gracia de El que controla el firmamento,
El que decide que ande perdido en corrientes circulares en el tiempo,
El que transforma los diamantes en quejidos y lamentos,
El que se encarga de que salgas y que yo me quede dentro.
Asustado, sintiéndome enfermo,
como una temporada en el infierno.
Intentando ver una salida,
encontrando más problemas todavía.
Todo esto que jamás podré comprender,
lo que obtuve a cambio de intentar hacerlo bien.
Eso no es para mí, quiero mi parte de lo bueno.
Quiero que estés aquí, quiero tenerte dando vueltas a mi lado todo el tiempo,
en nueve órbitas concéntricas y yo estar en el centro.
Será mucho pedir, pero es lo menos que merezco.
lunes, 27 de julio de 2009
It's always better on holiday!
Como dice mi jefe: Señores... en el culo tengo flores.
Vamos, que me voy a la playa (Cullera, para más señas. Si vas a estar por ahí avisa y nos comemos un arroz) y no quiero saber nada del mundo.
A la vuelta os cuento.
Os quiero a todos!
Vamos, que me voy a la playa (Cullera, para más señas. Si vas a estar por ahí avisa y nos comemos un arroz) y no quiero saber nada del mundo.
A la vuelta os cuento.
Os quiero a todos!
domingo, 26 de julio de 2009
Impaciente
No puedo esperar a que lleguen dos momentos, a saber (y ordenados por cercanía temporal):
a) Que llegue el lunes (o sea, mañana), que me voy a la playa con Joe, a pasar una semana de machotes bebiendo, comiendo, bañándonos y vagueando bajo el sol.
b) Que llegue agosto y Canalla esté por aquí! qué ganas de verle y cervecear en terracitas agradables! de moverme por Madrid con él y ponernos al día! de contarnos nuestros planes, nuestras ilusiones y nuestros problemas!
Espero con ansiedad el merecido premio al post más gayer de todo blogspot.
a) Que llegue el lunes (o sea, mañana), que me voy a la playa con Joe, a pasar una semana de machotes bebiendo, comiendo, bañándonos y vagueando bajo el sol.
b) Que llegue agosto y Canalla esté por aquí! qué ganas de verle y cervecear en terracitas agradables! de moverme por Madrid con él y ponernos al día! de contarnos nuestros planes, nuestras ilusiones y nuestros problemas!
Espero con ansiedad el merecido premio al post más gayer de todo blogspot.
domingo, 19 de julio de 2009
El tiempo pasa... despacito.
Eso nos contaba (cantaba) Madonna, pero tiene truco. El tiempo sólo pasa despacito sí tienes prisa por que pase.
Pero si echas la vista atrás y miras hacia el pasado, resulta que el tiempo ha corrido más deprisa que Forrest Gump en los San Fermines.
Hace unos meses iba a trabajar y mientras me recreaba en el colosal atasco diario de la M40, escuchaba las noticias en la radio. Me llamó la atención una en la que el locutor decía que, veinte años después, El Cascanueces volvía a representarse en Madrid.
"Qué raro", me dije yo mientras el tipo del coche de al lado me miraba con expresión de extrañeza al observar que hablaba solo, "pero si yo fui a una representación de El Cascanueces hace tiempo... pero claro, no pueden estar hablando de la misma."
Ya lo creo que hablaban de la misma.
Veinte años como veinte castañas han pasado desde que nos llevaron con el cole al antiguo Teatro de la Villa (hoy Teatro Fernando Fernán Gómez) a ver aquel ballet.
Hace poco me he reencontrado por casualidad con una de mis mejores amigas de la infancia junto a quien, por cierto, me sentaba cuando fuimos a ver el puñetero Cascanueces.
Está preciosa (casada y con hijos, supongo, pero preciosa, qué coño) y sigue siendo encantadora, pero de repente se me vienen encima mil recuerdos que me llenan de asquerosa (y deliciosa) nostalgia.
Qué diablos, aún tengo 31 años, carpe diem.
Pero si echas la vista atrás y miras hacia el pasado, resulta que el tiempo ha corrido más deprisa que Forrest Gump en los San Fermines.
Hace unos meses iba a trabajar y mientras me recreaba en el colosal atasco diario de la M40, escuchaba las noticias en la radio. Me llamó la atención una en la que el locutor decía que, veinte años después, El Cascanueces volvía a representarse en Madrid.
"Qué raro", me dije yo mientras el tipo del coche de al lado me miraba con expresión de extrañeza al observar que hablaba solo, "pero si yo fui a una representación de El Cascanueces hace tiempo... pero claro, no pueden estar hablando de la misma."
Ya lo creo que hablaban de la misma.
Veinte años como veinte castañas han pasado desde que nos llevaron con el cole al antiguo Teatro de la Villa (hoy Teatro Fernando Fernán Gómez) a ver aquel ballet.
Hace poco me he reencontrado por casualidad con una de mis mejores amigas de la infancia junto a quien, por cierto, me sentaba cuando fuimos a ver el puñetero Cascanueces.
Está preciosa (casada y con hijos, supongo, pero preciosa, qué coño) y sigue siendo encantadora, pero de repente se me vienen encima mil recuerdos que me llenan de asquerosa (y deliciosa) nostalgia.
Qué diablos, aún tengo 31 años, carpe diem.
jueves, 16 de julio de 2009
Ortigueira
Ortigueira huele a porro, a fogata y a eucalipto.
También a buen rollo inacabable, a comida improvisada y a cubata de ron.
Huele a música celta, a Amistad sin paliativos, a playita y a crema de protección solar factor cinco mil.
A pulpo a la gallega, a chucherías de metro y medio, a café con leche con bollitos mirando amanecer en la playa, a gallegos de Alcorcón que piden tabaco y no se van ni con agua caliente y a perroflautas de pura cepa que no han visto una ducha en lustros.
Huele empanada gallega, a niñas monas que no saben plegar tiendas, a balón de rugby y a encantadores visitantes portugueses.
Lo único que eché en falta fue un ligero toque Canalla para acabar de hacerlo perfecto, pero nada que no se pueda solventar en el futuro.
Y yo cada año venga a decirles a estos, joer, vamos a Ortigueira, que os va a molar, y estos que no, que pasamos, que eso es un coñazo.
Menos mal que por fin este año han entrado en razón y me parece que les ha gustado.
Estoy seguro de que el año que viene repetirán.
También a buen rollo inacabable, a comida improvisada y a cubata de ron.
Huele a música celta, a Amistad sin paliativos, a playita y a crema de protección solar factor cinco mil.
A pulpo a la gallega, a chucherías de metro y medio, a café con leche con bollitos mirando amanecer en la playa, a gallegos de Alcorcón que piden tabaco y no se van ni con agua caliente y a perroflautas de pura cepa que no han visto una ducha en lustros.
Huele empanada gallega, a niñas monas que no saben plegar tiendas, a balón de rugby y a encantadores visitantes portugueses.
Lo único que eché en falta fue un ligero toque Canalla para acabar de hacerlo perfecto, pero nada que no se pueda solventar en el futuro.
Y yo cada año venga a decirles a estos, joer, vamos a Ortigueira, que os va a molar, y estos que no, que pasamos, que eso es un coñazo.
Menos mal que por fin este año han entrado en razón y me parece que les ha gustado.
Estoy seguro de que el año que viene repetirán.
sábado, 4 de julio de 2009
¿Qué ha pasado?
Nada grave. Sólo que estoy un poco vago para escribir.
Supongo que será el calor, quizás la comodidad de encontrarme bien. Tal vez, un poco, la acuciante necesidad de pensar en mis cosas.
Este proceso en el que me encuentro ahora es mucho más introspectivo que ningún otro, y eso contribuye a que no tenga ganas de hacer público lo que me pasa por la cabeza en este momento.
Eso y que tampoco tengo muchas conclusiones que sacar aún, la verdad.
Las cosas siguen igual, mis amigos siguen ahí, como siempre, más al pie del cañón que nunca. Mi familia lo mismo. Mi hermana es, por fin, doctora. Me siento orgulloso. Me voy a Ortigueira. Y luego a Málaga. Y luego a la playa.
Qué ganas tengo de playa, creo que me lo he ganado.
Supongo que será el calor, quizás la comodidad de encontrarme bien. Tal vez, un poco, la acuciante necesidad de pensar en mis cosas.
Este proceso en el que me encuentro ahora es mucho más introspectivo que ningún otro, y eso contribuye a que no tenga ganas de hacer público lo que me pasa por la cabeza en este momento.
Eso y que tampoco tengo muchas conclusiones que sacar aún, la verdad.
Las cosas siguen igual, mis amigos siguen ahí, como siempre, más al pie del cañón que nunca. Mi familia lo mismo. Mi hermana es, por fin, doctora. Me siento orgulloso. Me voy a Ortigueira. Y luego a Málaga. Y luego a la playa.
Qué ganas tengo de playa, creo que me lo he ganado.
lunes, 29 de junio de 2009
Cosas que NO me gustan del verano
-Hace un calor que funde las piedras (duh!)
-El buen gusto en la vestimenta se va de vacaciones para no volver hasta septiembre.
-Se reduce la frecuencia de paso de trenes, metro y buses (ya veo a los del Ayuntamiento: Bah! los que se quedan en Madrid en verano son tan desgraciados que sólo merecen esperar el doble a que llegue su transporte público, mwaaahahahaha!)
-Los que están peleados con la ducha huelen, más que nunca, a rata muerta.
-La idiotez estival. Se diría que hay carta blanca para ser idiota y hacer cosas que nadie en su sano juicio haría, como ir por ahí descalzos y sin camiseta bañándose en fuentes públicas.
-No puedo salir a correr. Moriría desintegrado.
-La/s canción/es del verano. Todos y cada uno de sus intérpretes no merecen otra cosa que la muerte más cruel.
-Hay muchos más bichos repugnantes que en cualquier otra época del año. Y encima pican, los cabrones.
-Muchas cosas divertidas y/o interesantes cierran por vacaciones.
-Las fotos de cada año de Ana Obregón en la playa.
-Las no-ticias (porque en verano no hay) se rellenan, o bien con auténticas chorradas supinas, como un perro que sigue a su dueño durante setenta y cuatro kilómetros, el muy idiota, o bien con rumores recurrentes cada año por estas fechas como que Fidel Castro ha muerto o que los leones se han comido a Ángel Cristo.
-Por no hablar de cuando la noticia que abre el telediario es... que hace calor! (no jodas, no nos habíamos dado cuenta... tendrá algo que ver con que estemos en verano?)
-En el caso de los deportes todo se reduce a conjeturas idiotas sobre fichajes y a pretemporadas insulsas. Y eso me lleva a otro gran hándicap del verano:
-No hay fútbol.
-No puedo tomar Chai Latte (ni falta que me hace, la verdad, porque no lo necesito en absoluto) ya que hace calor y no apetece (tanto).
-Las piscinas municipales.
-Los termómetros defectuosos del Ayuntamiento de Madrid que marcan cincuenta y siete grados a la sombra (y que son los que utilizan los del Telediario para abrir las noticias).
En fin, como ya sabéis y como dirían mis admirados ingleses... not my cup of tea, thanks!
-El buen gusto en la vestimenta se va de vacaciones para no volver hasta septiembre.
-Se reduce la frecuencia de paso de trenes, metro y buses (ya veo a los del Ayuntamiento: Bah! los que se quedan en Madrid en verano son tan desgraciados que sólo merecen esperar el doble a que llegue su transporte público, mwaaahahahaha!)
-Los que están peleados con la ducha huelen, más que nunca, a rata muerta.
-La idiotez estival. Se diría que hay carta blanca para ser idiota y hacer cosas que nadie en su sano juicio haría, como ir por ahí descalzos y sin camiseta bañándose en fuentes públicas.
-No puedo salir a correr. Moriría desintegrado.
-La/s canción/es del verano. Todos y cada uno de sus intérpretes no merecen otra cosa que la muerte más cruel.
-Hay muchos más bichos repugnantes que en cualquier otra época del año. Y encima pican, los cabrones.
-Muchas cosas divertidas y/o interesantes cierran por vacaciones.
-Las fotos de cada año de Ana Obregón en la playa.
-Las no-ticias (porque en verano no hay) se rellenan, o bien con auténticas chorradas supinas, como un perro que sigue a su dueño durante setenta y cuatro kilómetros, el muy idiota, o bien con rumores recurrentes cada año por estas fechas como que Fidel Castro ha muerto o que los leones se han comido a Ángel Cristo.
-Por no hablar de cuando la noticia que abre el telediario es... que hace calor! (no jodas, no nos habíamos dado cuenta... tendrá algo que ver con que estemos en verano?)
-En el caso de los deportes todo se reduce a conjeturas idiotas sobre fichajes y a pretemporadas insulsas. Y eso me lleva a otro gran hándicap del verano:
-No hay fútbol.
-No puedo tomar Chai Latte (ni falta que me hace, la verdad, porque no lo necesito en absoluto) ya que hace calor y no apetece (tanto).
-Las piscinas municipales.
-Los termómetros defectuosos del Ayuntamiento de Madrid que marcan cincuenta y siete grados a la sombra (y que son los que utilizan los del Telediario para abrir las noticias).
En fin, como ya sabéis y como dirían mis admirados ingleses... not my cup of tea, thanks!
miércoles, 24 de junio de 2009
Por favor, apaguen sus teléfonos móviles
En marzo de 2005, el juez Robert Restaino encarceló sin pestañear a los 46 asistentes al juicio que celebraba, después de que un teléfono móvil sonara en mitad del mismo sin que ninguno de los presentes admitiera ser su dueño y, por consiguiente, el responsable de la interrupción.
Así que ya sabéis, si os piden que apaguéis el teléfono móvil, lo más sensato es que obedezcáis.
¿O pensabais que abundaban los jueces-colega como el de Juzgado de Guardia?
Así que ya sabéis, si os piden que apaguéis el teléfono móvil, lo más sensato es que obedezcáis.
¿O pensabais que abundaban los jueces-colega como el de Juzgado de Guardia?
martes, 23 de junio de 2009
El médico
Recuerdo que estaba en casa de mi abuela, una casa de pueblo antigua y grande.
La habitación espaciosa, que se encontraba en penumbra, sólo estaba amueblada con un escritorio y la cama que yo ocupaba.
A los pies de la cama se encontraba un hombre con gafas, vestido con una bata blanca y llevando un estetoscopio colgado del cuello.
A duras penas podía distinguir su cara redondeada entre las sombras, sólo recuerdo que era un tipo alto, delgado y algo calvo.
Hablábamos sobre las causas de mi convalecencia, que me mantenía postrado en aquella cama y que, según él, se resolvería con una simple operación que él mismo me practicaría, pero a medida que progresaba la conversación, mi intranquilidad iba en aumento.
¿Por qué no había nadie más allí? ¿Por qué no estaban mis padres ni mi hermana? ¿Por qué aquel hombre me transmitía aquella sensación de desasosiego que crecía con cada palabra que pronunciaba con una voz que no puedo recordar?
Suspicaz, comencé a preguntarle sobre su profesión, cuánto hacía que era médico, por qué había pasado los últimos seis años sin ejercer... (¿y por qué sabía yo aquello?)
Cada vez más tenso, me respondió que todo había sido producto de un error, pero que ya estaba subsanado.
Cerré los ojos un instante y, al abrirlos de nuevo, él ya no estaba a los pies de la cama.
Presa del pánico, mientras el corazón me latía fuertemente en el pecho, escruté por la habitación a través de la oscuridad sin encontrar rastro del hombre.
Sobrecogido, de pronto me di cuenta de que se encontraba justo a mi lado, de pie, observándome, su rostro deformado por una sonrisa macabra.
-¡Qué quieres de mí!, grité desesperado.
Él se inclinó sobre mí y me susurró:
-A ti.
Después me desperté.
La habitación espaciosa, que se encontraba en penumbra, sólo estaba amueblada con un escritorio y la cama que yo ocupaba.
A los pies de la cama se encontraba un hombre con gafas, vestido con una bata blanca y llevando un estetoscopio colgado del cuello.
A duras penas podía distinguir su cara redondeada entre las sombras, sólo recuerdo que era un tipo alto, delgado y algo calvo.
Hablábamos sobre las causas de mi convalecencia, que me mantenía postrado en aquella cama y que, según él, se resolvería con una simple operación que él mismo me practicaría, pero a medida que progresaba la conversación, mi intranquilidad iba en aumento.
¿Por qué no había nadie más allí? ¿Por qué no estaban mis padres ni mi hermana? ¿Por qué aquel hombre me transmitía aquella sensación de desasosiego que crecía con cada palabra que pronunciaba con una voz que no puedo recordar?
Suspicaz, comencé a preguntarle sobre su profesión, cuánto hacía que era médico, por qué había pasado los últimos seis años sin ejercer... (¿y por qué sabía yo aquello?)
Cada vez más tenso, me respondió que todo había sido producto de un error, pero que ya estaba subsanado.
Cerré los ojos un instante y, al abrirlos de nuevo, él ya no estaba a los pies de la cama.
Presa del pánico, mientras el corazón me latía fuertemente en el pecho, escruté por la habitación a través de la oscuridad sin encontrar rastro del hombre.
Sobrecogido, de pronto me di cuenta de que se encontraba justo a mi lado, de pie, observándome, su rostro deformado por una sonrisa macabra.
-¡Qué quieres de mí!, grité desesperado.
Él se inclinó sobre mí y me susurró:
-A ti.
Después me desperté.
lunes, 22 de junio de 2009
Friends will be friends
Desde siempre he sentido la necesidad de apoyarme en mis amigos para sentirme completo. Más en los tiempos difíciles, claro, pero supongo que eso es normal.
Mis Héroes (todos y cada uno de ellos), Luke, Maruca, Timeshock, Shaolin, Inma, Pachi, Antje, John Paul... todos han estado ahí cuando lo he necesitado.
Mi grupo de amigos, digamos, "de siempre" (AKA Mis Héroes), se mantiene más o menos estable desde que teníamos 16 años. No estamos todos los que fuimos, claro, pero quedamos bastantes que conformamos un grupo bien avenido que se reune con bastante frecuencia.
El sábado estuvimos casi todos en casa de los padres de Little Thing para disfrutar de una buena barbacoa veraniega, ya sabéis, más comida de la que podemos comer y más cerveza de la que podemos beber. Bueno, esto último no, pero ya me entendéis.
Conmigo se vino otro amigo, (desde luego ha demostrado que lo es), Shaolin, al que conozco desde hace unos tres años. Como es un tipo abierto y sociable, se lleva bastante bien con mis amigos de siempre.
Así pasamos (qué tentación de poner "pasemos" :P ) la tarde, entre carne a la parrilla, cervecita fría, sangría, tarta, helado, champán, etc. escuchando música y viendo videos chorras en el portátil, hablando de todo un poco y de nada en particular, con muy buen rollo y disfrutando de la hospitalidad de J., Little Thing y sus padres, que son maravillosos.
El caso es que cuando volvíamos Shaolin y yo en coche, ya a las tantas, desde PuebloEnElQueViveLittleThing, íbamos charlando sobre la amistad.
Yo le decía que me sentía muy cómodo con mis amigos, que había mucha complicidad y mucho aprecio mutuo y que valoraba, casi por encima de todo, una cualidad presente en todos ellos, que es el hecho de que todos son buenas personas.
Él se quejaba, con razón, diciéndome que no todos sus amigos eran buenas personas y que en su momento no encontró a los amigos adecuados; que le sobraron muchos cubatas y muchas noches en Tropic Costa y le faltaron otras actividades más afines a sus gustos. Además, le duele que ya sólo se vean muy de vez en cuando.
Luego, con un poco de timidez, me dijo algo que me encantó:
"Se nota que tus amigos te quieren mucho."
Se me puso la carne de gallina, porque tiene toda la razón.
Confío en que ellos saben que es recíproco.
Mis Héroes (todos y cada uno de ellos), Luke, Maruca, Timeshock, Shaolin, Inma, Pachi, Antje, John Paul... todos han estado ahí cuando lo he necesitado.
Mi grupo de amigos, digamos, "de siempre" (AKA Mis Héroes), se mantiene más o menos estable desde que teníamos 16 años. No estamos todos los que fuimos, claro, pero quedamos bastantes que conformamos un grupo bien avenido que se reune con bastante frecuencia.
El sábado estuvimos casi todos en casa de los padres de Little Thing para disfrutar de una buena barbacoa veraniega, ya sabéis, más comida de la que podemos comer y más cerveza de la que podemos beber. Bueno, esto último no, pero ya me entendéis.
Conmigo se vino otro amigo, (desde luego ha demostrado que lo es), Shaolin, al que conozco desde hace unos tres años. Como es un tipo abierto y sociable, se lleva bastante bien con mis amigos de siempre.
Así pasamos (qué tentación de poner "pasemos" :P ) la tarde, entre carne a la parrilla, cervecita fría, sangría, tarta, helado, champán, etc. escuchando música y viendo videos chorras en el portátil, hablando de todo un poco y de nada en particular, con muy buen rollo y disfrutando de la hospitalidad de J., Little Thing y sus padres, que son maravillosos.
El caso es que cuando volvíamos Shaolin y yo en coche, ya a las tantas, desde PuebloEnElQueViveLittleThing, íbamos charlando sobre la amistad.
Yo le decía que me sentía muy cómodo con mis amigos, que había mucha complicidad y mucho aprecio mutuo y que valoraba, casi por encima de todo, una cualidad presente en todos ellos, que es el hecho de que todos son buenas personas.
Él se quejaba, con razón, diciéndome que no todos sus amigos eran buenas personas y que en su momento no encontró a los amigos adecuados; que le sobraron muchos cubatas y muchas noches en Tropic Costa y le faltaron otras actividades más afines a sus gustos. Además, le duele que ya sólo se vean muy de vez en cuando.
Luego, con un poco de timidez, me dijo algo que me encantó:
"Se nota que tus amigos te quieren mucho."
Se me puso la carne de gallina, porque tiene toda la razón.
Confío en que ellos saben que es recíproco.
jueves, 18 de junio de 2009
Les Luthiers
Debía de correr el verano del año 87 cuando me topé por primera vez con Les Luthiers.
Recuerdo que, de vez en cuando, ponían en La 2 fragmentos de sus actuaciones y que, en uno de ellos, los cinco estaban frente al público y, por turnos, daban un paso adelante y recitaban una cita supuestamente célebre.
Sólo retuve una, genial por lo simple, declamada con voz monocorde por Carlos López Puccio: "Si alguien que dice ser tu amigo te apuñala por la espalda, desconfiá de él."
Luego perdí el contacto con estos genios y sólo lo recuperé muchos años más tarde, cuando estudiaba la carrera.
Como tenía turno de tarde, muchas noches me quedaba escuchando un colosal programa de radio llamado La Rosa de los Vientos cuyo director, Juan Antonio Cebrián (que nos dejó demasiado pronto), era claramente un fan de Les Luthiers y nos deleitaba (y se deleitaba) compartiendo una selección de sus mejores momentos.
A esas alturas ya sabía que no podría vivir sin ellos y los hice activamente parte de mis aficiones; me escuché todo lo escuchable y me ví todo lo visible, me aprendí gags y canciones de tanto repetirlas y les fui tomando cariño uno a uno casi personalmente.
Después, a lo largo de los años, he comprado unos cuantos CDs y un par de DVDs de estos psicóanalistas del humor (musical) y les he ido a ver en dos ocasiones cuando han venido a Madrid (son muy recomendables en directo).
Su humor no gustará a todo el mundo, claro, pero al menos yo me parto de risa con estos tipos que se me antojan lo más parecido que existe en español a los gigantescos Monty Python y que no pierden ni un ápice de frescura a pesar de llevar más de cuarenta años haciendo un humor de máxima calidad.
He aquí un par de gemas preciosas de estos genios argentinos (sí, Daniel es mi favorito, sólo un par de peldaños por debajo de John Cleese en el ranking de personas graciosas vivas):
Recuerdo que, de vez en cuando, ponían en La 2 fragmentos de sus actuaciones y que, en uno de ellos, los cinco estaban frente al público y, por turnos, daban un paso adelante y recitaban una cita supuestamente célebre.
Sólo retuve una, genial por lo simple, declamada con voz monocorde por Carlos López Puccio: "Si alguien que dice ser tu amigo te apuñala por la espalda, desconfiá de él."
Luego perdí el contacto con estos genios y sólo lo recuperé muchos años más tarde, cuando estudiaba la carrera.
Como tenía turno de tarde, muchas noches me quedaba escuchando un colosal programa de radio llamado La Rosa de los Vientos cuyo director, Juan Antonio Cebrián (que nos dejó demasiado pronto), era claramente un fan de Les Luthiers y nos deleitaba (y se deleitaba) compartiendo una selección de sus mejores momentos.
A esas alturas ya sabía que no podría vivir sin ellos y los hice activamente parte de mis aficiones; me escuché todo lo escuchable y me ví todo lo visible, me aprendí gags y canciones de tanto repetirlas y les fui tomando cariño uno a uno casi personalmente.
Después, a lo largo de los años, he comprado unos cuantos CDs y un par de DVDs de estos psicóanalistas del humor (musical) y les he ido a ver en dos ocasiones cuando han venido a Madrid (son muy recomendables en directo).
Su humor no gustará a todo el mundo, claro, pero al menos yo me parto de risa con estos tipos que se me antojan lo más parecido que existe en español a los gigantescos Monty Python y que no pierden ni un ápice de frescura a pesar de llevar más de cuarenta años haciendo un humor de máxima calidad.
He aquí un par de gemas preciosas de estos genios argentinos (sí, Daniel es mi favorito, sólo un par de peldaños por debajo de John Cleese en el ranking de personas graciosas vivas):
miércoles, 17 de junio de 2009
¿Coincidencia? no lo creo...
¿Por qué cuando nos pasa algo intenso en la vida nos da por escuchar más canciones de lo habitual?
¿Y por qué todas esas canciones parecen incluir claros mensajes indudablemente dirigidos única y exclusivamente a nosotros con el fin de ilustrarnos y/u orientarnos?
¿Qué extraña y poderosa mano se esconde tras semejante confabulación cósmica?
Y no me refiero a canciones ultra-ambiguas como las de Héroes del Silencio, con las que te puedes sentir identificado tanto si se te rompe el coche como si suspendes un examen, no, me refiero a canciones con letras claras y concisas.
Que si
Bang! Bang! my baby shot me down
por aquí, que si
And I remember all the things we once shared
por allá, que ponemos la radio y sale Bono cantando With or without you a voz en grito, que ahora nos ponemos el MP3 y la primera frase que sale de los auriculares es
we'll both end up with just your song to say goodbye
(gracias, Brian Molko, por cantarme A song to say goodbye) ...
Presiento que si enciendo la tele y pongo un canal al azar estarán poniendo Love Actually, a pesar de que estemos en junio.
Pero no nos desviemos de la música. Como ejemplo ilustrativo os diré que hace no mucho me aficioné a un grupo de Birmingham que se llaman Editors y cuyos dos discos he escuchado hasta la saciedad en estos meses.
Sólo un par de ejemplos de que, de forma evidente, Tom Smith me está hablando a MÍ y sólo a MÍ:
Well be careful angel this life is just too long, all sparks will burn out in the end...
If something has to change, then it always does, you don't need this disease, not right now...
Let's pretend we never met, let's pretend we're on our own...
Y eso por no hablar de I'm not OK, Always on my mind, It's the end of the world as we know it, My brown eyed girl, Only happy when it rains, So lonely, Free to decide, Lola (ah no, perdón, esa no), o incluso:
I have decided to leave you forever
I have decided to start things from here
Thunder and lightning won't change what I'm feeling
And the daffodils look lovely today
¿Y por qué todas esas canciones parecen incluir claros mensajes indudablemente dirigidos única y exclusivamente a nosotros con el fin de ilustrarnos y/u orientarnos?
¿Qué extraña y poderosa mano se esconde tras semejante confabulación cósmica?
Y no me refiero a canciones ultra-ambiguas como las de Héroes del Silencio, con las que te puedes sentir identificado tanto si se te rompe el coche como si suspendes un examen, no, me refiero a canciones con letras claras y concisas.
Que si
Bang! Bang! my baby shot me down
por aquí, que si
And I remember all the things we once shared
por allá, que ponemos la radio y sale Bono cantando With or without you a voz en grito, que ahora nos ponemos el MP3 y la primera frase que sale de los auriculares es
we'll both end up with just your song to say goodbye
(gracias, Brian Molko, por cantarme A song to say goodbye) ...
Presiento que si enciendo la tele y pongo un canal al azar estarán poniendo Love Actually, a pesar de que estemos en junio.
Pero no nos desviemos de la música. Como ejemplo ilustrativo os diré que hace no mucho me aficioné a un grupo de Birmingham que se llaman Editors y cuyos dos discos he escuchado hasta la saciedad en estos meses.
Sólo un par de ejemplos de que, de forma evidente, Tom Smith me está hablando a MÍ y sólo a MÍ:
Well be careful angel this life is just too long, all sparks will burn out in the end...
If something has to change, then it always does, you don't need this disease, not right now...
Let's pretend we never met, let's pretend we're on our own...
Y eso por no hablar de I'm not OK, Always on my mind, It's the end of the world as we know it, My brown eyed girl, Only happy when it rains, So lonely, Free to decide, Lola (ah no, perdón, esa no), o incluso:
I have decided to leave you forever
I have decided to start things from here
Thunder and lightning won't change what I'm feeling
And the daffodils look lovely today
martes, 16 de junio de 2009
Cross road.
Una palmera de chocolate.
Una nota de papel cariñosa.
Un email deseándome un buen día.
Una sonrisa.
Una proposición peligrosa.
Reconozco Tus esfuerzos, pero es muy pronto para bajar la guardia.
No creas que no entiendo Tu posición. Incluirte en mi vida poco a poco (luchar por ello) sin ejercer demasiada presión que me lleve a huir despavorido.
Me llena de indulgencia, y eso es peligroso. Tanto como meterme en mi armadura y no querer saber nada del mundo que me rodea.
Probablemente lo difícil no sea descubrir lo que siento, sino lo que me conviene.
¿Y al final de mi viaje llegara a la conclusión de que lo que quiero y lo que entraña más peligro son exactamente la misma cosa?
¿Y si, por el contrario, concluyo que la vida me tiene reservadas sorpresas mejores?
Aún es pronto.
PS. Prometo intentar no daros la tabarra con este tema durante un tiempo ;) .
Una nota de papel cariñosa.
Un email deseándome un buen día.
Una sonrisa.
Una proposición peligrosa.
Reconozco Tus esfuerzos, pero es muy pronto para bajar la guardia.
No creas que no entiendo Tu posición. Incluirte en mi vida poco a poco (luchar por ello) sin ejercer demasiada presión que me lleve a huir despavorido.
Me llena de indulgencia, y eso es peligroso. Tanto como meterme en mi armadura y no querer saber nada del mundo que me rodea.
Probablemente lo difícil no sea descubrir lo que siento, sino lo que me conviene.
¿Y al final de mi viaje llegara a la conclusión de que lo que quiero y lo que entraña más peligro son exactamente la misma cosa?
¿Y si, por el contrario, concluyo que la vida me tiene reservadas sorpresas mejores?
Aún es pronto.
PS. Prometo intentar no daros la tabarra con este tema durante un tiempo ;) .
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